Cayetano Ripoll

Última víctima mortal de la Inquisición

Cayetano Ripoll nació enSolsona en 1778. De su juventud y de las razones que le llevaron a Valencia se sabe muy poco. Durante la guerra contra los franceses combatió como oficial de infantería contra ellos. Fue hecho prisionero y llevado a Francia, donde entró en contacto con el deísmo y la masonería.

A su vuelta a la Península solicitó una plaza como maestro rural en la huerta de Ruzafa, actualmente un barrio de Valencia, y obtuvo el necesario placet eclesiástico. Fue denunciado por vecinos de la zona, “analfabetos en su mayoría, que no entendían por qué no seguía los rituales tradicionales del catolicismo, a pesar de la bondad, el desprendimiento y el amor a sus semejantes de que siempre hizo gala, según los testimonios recogidos por algunos de sus coetáneos”. En 1824 fue denunciado por la madre de un alumno, detenido y encerrado durante dos años en la cárcel inquisitorial de la ciudad de Valencia, la de San Narciso, cerca de las actuales Corts Valencianes. . Hasta el momento de la condena, más de dos años después, nunca se le comunicaron las razones de su arresto. No se le permitió hablar, ni se le otorgó un defensor.

Los delitos de los que fue acusado fueron: sustituyó en las oraciones de clase la expresión “Ave María” por “Alabado sea dios”, no acudía a misa ni llevaba a sus alumnos, no salía a la puerta de la choza donde daba clase para saludar el paso del viático quitándose el sombrero, comía carne los viernes santos. El 20 de marzo de 1826 el Tribunal de la Fe concluyó: “que sea relajado don Cayetano Ripoll, como hereje formal y contumaz a la justicia ordinaria para que sea juzgado según las leyes como haya lugar, cuyo parecer ha sido confirmado por el excelentísimo e ilustrísimo señor Arzobispo”.

La Sala del Crimen de la Audiencia confirmó la sentencia y lo condenó: “a la pena de horca y en la de ser quemado como hereje pertinaz y acabado, y en la confiscación de todos sus bienes”.

Todas las fuentes coinciden en mostrarlo con una persona tranquila, afable, pero firme en sus convicciones. Así lo describe alguien que lo conoció y católico practicante, el historiador Modesto Lafuente: “un hombre caritativo, sobrio y dotado de excelentes prendas”. Durante dos años se le destinó un teólogo para instruirlo en los dogmas católicos, pero a pesar de la amenaza de muerte no transigió.

El 31 de julio de 1826, dos años después de ser detenido, Cayetano Ripoll, con las manos atadas, fue sacado de su celda en la prisión de San Narciso. Durante el itinerario, por la calles de Serranos, Caballeros, plaza del Tossal y Bolsería, hasta llegar a la plaza del Mercado, la gente le insultó y le apedreó. En el cadalso, sus últimas palabras fueron:”Muero reconciliado con dios y con los hombres”.

Su muerte se produjo de un modo grotesco. Fue ahorcado, aunque el castigo previsto por la Iglesia para casos como el suyo era el de morir en la hoguera. Por este motivo, sus verdugos pintaron unas llamas en el tonel donde cayó su cuerpo tras morir asfixiado. Grotesco también fue el hecho de que, meses antes de su asesinato, Cayetano estuvo a punto de salvarse porque no encontraban su partida de bautismo. Si no era cristiano, no podía ser hereje. Finalmente, apareció en Solsona. Esa partida de bautismo pasó a ser su partida de defunción.

La noticia fue recibida en el extranjero con una mezcla de horror y asombro. Nadie se podía creer que en España la Inquisición no solo siguiera existiendo sino que todavía siguiera asesinando por razones religiosas en autos de fe, algo que parecía propio de siglos atrás. Fernando VII tuvo que censurar a la Audiencia de Valencia por haber confirmado la sentencia de la Junta de Fe, ya que esta no era ningún tribunal legal. Su establecimiento no había sido autorizado por orden alguna del rey. Cayetano Ripoll pasó a la historia como la última víctima mortal de la Inquisición en todo el mundo.

Un documental[1] realizado por la Associació Valenciana d’Ateus i Lliurepensadors (AVALL), cuenta su historia y arroja luz sobre dos hechos relevantes. Rafael Solaz, bibliófilo valenciano, muestra un libro facticio con anotaciones manuscritas de aquel día al parecer de un testigo ocular donde se comprueba que el día exacto del ahorcamiento fue el lunes 31 de julio de 1826, y no el 26 como también se barajaba. Además, y esto es más importante, el volumen especifica que el cadáver de Cayetano Ripoll fue enterrado en la parte exterior del cementerio general de Valencia, frente a la puerta principal y sin ninguna señal. Por tanto, se descarta, como se había especulado durante casi dos siglos, que fuera recogido por la Cofradía de los Desamparados y enterrado en el Cementerio de los Ajusticiados, en Tavernes Blanques, junto al Barranco del Carraixet. Desde esa asociación se pide al Ayuntamiento un reconocimiento para Cayetano, quizás una placa o una estatua en su recuerdo en la Plaza del Mercado, donde fue asesinado por sus ideas.

Curiosamente, el último arzobispo de la ciudad, Agustín García Gasco, pidió descansar a su lado en la capilla de San José de la catedral de Valencia. Los miembros de la AVALL no creen que esta decisión fuese casual.

En septiembre de 1980, siendo alcalde Ricard Pérez Casado, se puso nombre a una plaza y se recordaba su condición de maestro. Pero ni esta memoria ha quedado a salvo del ataque simbólico. Precisamente en esa plaza se ha colocado con calzador una de las muchas iglesias de nueva planta que el Ayuntamiento ha facilitado a la Iglesia.

Información facilitada por Avall

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9 diciembre | Laicismo y libertad de conciencia

Cayetano Ripoll y la Iglesia Valenciana
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